Cuando Federico encontró a Ágatha

Muchas veces ocurre que las niñas entran a hurtadillas en el tallercito y se llevan los amigurumis bajo la camiseta para que no las vea.

Muchas veces los amigurumis no vuelven.
Se quedan a dormir un día con ellas y otro, y otro, y otro más...

Federico no volvió. A pesar de su "rascador" aspecto supo ganarse el corazón de las dos.
Se mudó con Rocío y fue un gato feliz, rústico y feliz.

Entonces llegó ella.
Suave, blandita, con ojos de gato, bigotes de gato, lana de alpaca peluda que bien podría ser de gato... Por fin, encontré el toque perfecto que le faltaba a Federico.

Y la llamaron Ágatha.
Y duró en el taller lo que dura el chocolate en la cocina.








Me temo que yo no soy quien para separarlos...
-Fin-

9 comentarios:

  1. ¿Y te extraña que tus hijas hagan esas cosas?... vamos, que si pudiera, ¡yo haría lo mismo! :D

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    1. jajajaja No me extraña pero es que no me quieren dejar ni uno! XDD Y sí, yo también haría lo mismo!

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  2. jajaja si es que no me extraña! Ágata es monísima! Un beso!

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  3. No me extraña que las nenas los adoptasen!! yo haría lo mismo teniéndolos tan a mano!! ;)

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    1. jejeje Es difícil resistirse teniéndolos en casa, lo admito ^^

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  4. vraiment adorable c' est trés sympa belle réalisation bravo a bientôàt via nos blogs biz

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  5. Son ideales...
    Ponen cara de "llévame contigo" así que inevitable descubrirlos y no adoptarlos.
    Besos.

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